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Introducción

Trocitos de verdad, es un espacio de la página web, que resume verdades importantes de la Palabra. Para mí son mi porción de "rema″, que me mueven, me infunden aliento, esperanza, firmeza, amor y determinación por la obra del Señor en mi vida en el mundo.

No es bueno, asumir como verdades absolutas lo que una persona diga o nos enseñe y seguir dichas enseñanzas como si aquel hombre fuese Dios mismo, sin detenernos a cuestionar y a confrontar las enseñanzas con la Biblia. Es importante no olvidar que los seres humanos no somos infalibles y que muchos aunque sepan como hablar, no quiere decir que sepan estudiar y que muchos solo repiten lo que han escuchado.

Las escrituras se interpretan solas, para eso necesitas un corazón dispuesto a ver lo que allí se escribe y es muy necesario querer desaprender lo incorrecto y que por años has repetido y aceptado como correcto. Si el Espíritu Santo mora en ti, te conduce a toda verdad. La Palabra de Dios es la espada del Espíritu. Si la palabra dada no corta, no es la palabra del Espíritu de Dios.

Dentro del proceso de enseñanza aprendizaje, lo más difícil es desaprender, lleva mucho esfuerzo, tiempo e incomodidad; porque, resulta más fácil repetir y hacer lo se ha hecho toda una vida y porque el cambio supone miedo. Cuando Dios nos habla de renovar el alma, se refiere precisamente a esto, a desaprender, lo malo, por lo bueno y lo correcto de las cosas de Dios. Y el desaprender no solo habla de la persona individualmente hablando, sino también del alma de Su iglesia, cuando por años han adoptado enseñanzas vistas, entendidas y transmitidas como "sana doctrina″.

Si las Escrituras como palabra de Dios dice algo totalmente contrario a lo que te han enseñado por años, es preciso cambiar. Porque lo que es cierto y es una verdad absoluta es que Dios no cambia Su palabra y la santificación de nosotros tiene que ver con la verdad de Su palabra y la sangre de Cristo.

Jn 17:17-22 "Santifícalos en Tu verdad: Tu palabra es verdad. 18 Como Tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19 Por ellos Yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. 20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en Mí por la palabra de ellos, 21 para que todos sean uno; como Tú, oh Padre, en Mí y Yo en Ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste. 22 La gloria que me diste, Yo les he dado, para que sean uno, así como Nosotros somos uno." (Desde la RVR 1960)

CA.